Este sábado, días 12-N, las diferentes organizaciones que forman parte de Zaragoza Libertaria, entre ellas CGT, organizan una manifestación por la Abstención Activa. Manifestación que comenzará a las 18:00 desde la Glorieta Sasera.
Desde CGT os animamos a tod@s a participar.

Proponemos una campaña de abstención que se base en el antipartidismo, el anticapitalismo, contra el poder político y económico y por la creación de una sociedad basada en la autoorganización, la autogestión, la participación y la desaparición de las clases sociales o lo que es lo mismo proponemos que ante todo este desaguisado creado por los políticos y los grandes poderes económicos, la única solución es un cambio social tan profundo como la revolución social.
Desechamos las campañas por el voto en blanco y por el nulo porque como hemos visto, son utilizadas por los políticos para decir que estas personas han participado en las elecciones y los contabilizan como un aumento en los porcentajes de participación y aunque consideran que es un voto critico, también los incluyen como parte integrada en el sistema aduciendo que esos votantes si tuvieran una opción política que les gustara la apoyarían. Tras las pasadas elecciones municipales y el aumento de la abstención los políticos reconocieron que no ir a votar es una opción política y no de pasotismo como siempre habian dicho. Si conseguimos que vaya en aumento la opción abstencionista y que cada vez menos personas participen en el circo electoral tendremos mas personas a las que proponer otras formas de organizar la sociedad.
La campaña que proponemos es de denuncia del sistema político electoral que impide la participación de todos en las tomas de las decisiones, denunciando también que los políticos sean de derechas o de izquierdas, solamente promueven algún cambio cuando el pueblo esta movilizado y se ven contra las cuerdas. Los “gobiernos democráticos” son el camuflaje perfecto del poder económico, que son los que marca las líneas políticas a realizar por los gobiernos.
Creemos que la CGT no debemos caer en la trampa de pedir que los políticos deban de recuperar el poder a los mercados, los especuladores alteran a su gusto cualquier medida que les sea incómoda y provocan los cambios de los políticos dependiendo de los intereses de sus negocios, de la especulación del ladrillo hemos pasado a la especulación del trigo. No podemos pedir ni la refundación del capitalismo, ni la refundación de la política parlamentaria, hemos de pedir su desaparición.
Nuestras propuestas han de ir acordes con los artículos 1 y 2 de nuestros estatutos y de los acuerdos tomados en nuestro congreso de Málaga en el punto 5 sobre “propuestas de CGT para construir un modelo social y alternativo libertario” son de total actualidad y las propuestas aprobadas son muy amplias, en tanto que tocan todos los temas de actualidad y con propuestas de cómo aplicarlas.
Dejamos claras nuestras diferencias con las propuestas de que los que quieren llegar al gobierno para hacer las cosas de una manera diferente y que ya históricamente han fracasado, profundizamos en cuanto a que los derechos son cosas de todos y no de leyes, ya que estas cuando las regulan contienen trampas para no ejercerlos. Explicábamos que los servicios públicos han de ser autogestionados por toda la sociedad. Hablamos de ecología y de un sistema sostenible y de muchos otros temas de total actualidad por lo tanto proponemos hacer hincapié en que tenemos muchas propuestas y que tenemos que darles publicidad para que lleguen al máximo de personas que se están movilizando. Nuestras propuestas organizativas deben de ser el federalismo, la democracia directa, el antiautoritarismo y promover la solidaridad y el apoyo mutuo.
Antipoliticismo militante: no somos políticos ni hacemos política, la combatimos
Sobre política y politiqueos.
El compañero Jordi revitaliza lo que parece un debate tan inagotable como inherente a la propia historia del anarcosindicalismo: la cuestión de la acción política en el seno de la organización, es decir en el sindicato. Bien, de entrada todavía no hemos leído a Aristóteles, que según parece, afirma que el ser humano es evidentemente político y social. Es decir, el ser humano en colectividad modifica el entorno con su acción política y social. No podemos dudar ni del filósofo ni de la interpretación del compañero Jordi, sin embargo, si que podemos añadir que la intervención política y social del individuo no siempre significa una ruptura del sistema imperante, puesto que a menudo esta actuación no lleva más que a una perpetuación del mismo.
Quisiéramos aportar otra definición de lo político desde la antropología, aunque solo sea para complementar el enfoque filosófico que comentamos. Para ello intentaremos definir qué se entiende desde una parte de la antropología por política, y como se define el juego político que implica. Me basaré para ello en la “teoría del juego” que define la política como “los procesos que intervienen en la determinación y realización de objetivos públicos y en la obtención y uso diferenciados del poder por parte de los miembros del grupo implicados en dichos objetivos” (T.D.Lewellen, 1985). La política, en consecuencia, se convierte en un “juego” entre “equipos” en constante antagonismo para conquistar el poder. Partiendo de esta teoría y de la propia experiencia histórica del movimiento libertario, comprendemos que el sistema representativo electoralista no es más que un “juego” de profesionales de la política, un “juego” del que se nos excluye puesto que nos reducen a simples espectadores. Además este “juego” jugado entre partidos rivales , no es más que una alianza de clase en defensa de los privilegios de los grupos sociales dominantes en contra de las clases populares, a las que se quiere manipular y engañar a través del despliegue mediático.
La Historia como arma
A lo largo de la historia del movimiento obrero en el Estado Español, encontramos tres actitudes bien diferenciadas en cuanto a la participación en lo que venimos definiendo como “juego” político: de participación, de apoliticismo y de antipoliticismo.
La primera tendencia, la de la participación, fue defendida por la socialista UGT con el consabido resultado de más de cien años de amarillismo sindical. Pero lo que nos interesa es la transformación del sindicalismo revolucionario, con claras influencias de la CGT francesa de finales del XIX, al anarcosindicalismo, es decir el paso en los albores del movimiento obrero de las posturas apolíticas a las antipolíticos. El sindicalismo revolucionario confiaba completamente en la capacidad del sindicato como herramienta para el cambio social y, por tanto, se declaraba totalmente apolítico, es decir, que había la prohibición explícita de que el sindicato no participara en lo que venimos definiendo como “juego” político, eso sí, permitiendo a cualquier afiliado libertad ideológica, pues de lo que se trataba era de crear un sindicato donde la solidaridad entre sus miembros se diera exclusivamente por la pertenencia a una misma clase social. De estas ideas sobre todo defendida en las primeras asociaciones de resistencia (SO), se pasa finalmente a la postura anarcosindicalista con la formación de la CNT. Ya no se habla de apoliticismo, sino de antipoliticismo en el sentido de que proclama una oposición activa, militante, a la participación política en el “juego” político, lo que no significaba la neutralidad ideológica de la CNT, sino todo lo contrario, se pretendía orientar lo político hacia las ideas libertarias.
Por todo ello, el antipoliticismo anarcosindicalista, aparece como una concepción lógica y consecuente derivada de un proceso de experiencia histórica, que ha demostrado que de lo que se trata es de una ruptura social con el sistema, no de “juegos” políticos que solo sirven para mantenerlo y justificarlo. En este sentido, se prescinde tanto de los partidos como del espectáculo político en su totalidad, por falta de confianza en la voluntad y capacidad de la clase política para llegar al cambio social. En consecuencia la idea era sencilla y clara: los problemas de los obreros solo podían ser resueltos por ellos mismos. Esta será una constante que define y identifica los procesos históricos que han ido dando continuidad al llamado hilo “rojo y negro” a trabes de los tiempos.
Ideas y acción política para acabar con la “política”
Consecuentemente, el anarcosindicalismo se ha definido, por un lado, como antipolítico, renuncia al juego político en la defensa de la independencia orgánica de cualquier organización o partido. Y a la vez, pretende a través de la lucha sindical y social contra el capitalismo, la transformación total de la sociedad. Es decir, se busca un cambio político, pues se sustenta en una ideología, por medio de una táctica antipolítica. Es lo que entendemos como ideas y acción política para acabar con la “política”. Frente al modelo político, caduco y corrupto, basado en la “democracia representativa parlamentaria” que perpetuar los privilegios de unos pocos, desde la CGT tenemos que defender la demo-acracia basada en la acción directa, en el asambleismo en la toma de decisiones, la autogestión en lo económico y en lo social, el apoyo mutuo dentro y fuera del sindicato, la libertad individual y colectiva frente a cualquier modelo de dominación, el libre federalismo de los pueblos y de comunidades libres etc. … en pro de la igualdad social.
De este modo, tenemos que el anarcosindicalismo, del que nos sentimos continuadores/as, se define como antipolítico a la vez que no renuncia a la lucha política, pero entendiéndola como lucha social y sindical contra los privilegios y las diferentes formas de dominación social. Y esto es una realidad, nos guste o no, a pesar de que todavía algunos postmarxistas, de dentro y de fuera de la CGT, insisten que como sentenció Marx “para superar la filosofía hay que realizarla” y, que por tanto, el “juego” político es justificado para acabar con el sistema desde dentro. Y esto es así, pues no podemos ignorar que todo sistema basado en el autoritarismo, sea parlamentario capitalista o socialista, se dota de mecanismo que actúan contra cualquier desviación política, ya sea destruyéndola o asimilándola. Esta desactivación de espacios políticos antagónicos con el sistema, se realiza tanto mediante la represión directa como por medio de lo que algunos politólogos denominan mecanismos de feedback. Es decir, los cambios que se puedan imponer dentro del sistema político imperante, en su entorno interno o externo y que impliquen un riesgo para su continuidad, se verán limitados y desactivados por otros elementos del sistema que tienden al equilibrio y la perpetuidad.
De homo político a homo social total
Dicho lo anterior, y siguiendo con el comentario del citado artículo, interpretar que el “homo político” de Aristóteles al no renunciar a la política acepta que esta lucha política se tenga que dar en los términos y en el espacio de lo que hemos definido como “juego” político, es mucho interpretar. Más que de “homo político”, con el permiso de Aristóteles y del compañero Jordi, cabría de hablar de “homo social total”, pues toda actuación en el entorno implica tanto un compromiso social como cultural. En este sentido, la política se entiende como lucha social y no como dejación o delegación de responsabilidades en una “casta” de políticos profesionales que han hecho de su actividad pública una desvergonzada forma de subsistencia Así pues, dejándonos de entelequias, por supuesto, los anarcosindicalistas según el concepto aristotélico, pueden ser sujetos políticos muy activos, pero sin la subordinación del individuo al “juego” político y a los partidos e instituciones que los justifican. Y sobre todo entendemos, remitiéndonos a sus propias experiencias históricas, son sujetos culturales y sociales que interactúan dentro de un sistema sociocultural.
Radicales de papel
Para el compañero afirma en dicho artículo, que quien hace política no son los partidos “políticos” sino los poderes fácticos que sustentan el poder económico. En este sentido los “políticos” son simplemente títeres en manos de esos poderes fácticos y, si no pintan nada, se pregunta el compañero, ¿por qué en “nuestra casa” perdemos el tiempo intentando “higienizar y limpiar nuestro espacio” para evitar la entrada del “virus” político? Supone el compañero que esta actitud de algun@s cegeter@s responde al puro aburrimiento o a la desidia de una gran parte de la militancia, que intenta parecer más “radical” sin tener que serlo. Yo no sé si Proudhon, al que siempre también queda bien citar, se aburría o no, o pretendía ser más “radical” de lo que era, pero para él era una evidencia que “la política no solventa nunca ningún problema, los reproduce, como máximo los matiza, cuando no decide crear otros nuevos”. En definitiva si queremos ser coherentes con algunos principios ideológicos como el antiautoritarismo, que implica tanto la negación del Estado como la negación de todo principio de autoridad, incluso en el sindicato, en beneficio de la libertad y la autonomía del individuo; si, en definitiva, estamos contra el Estado antes y después del cambio social, no se puede participar en el “juego” político, ni en las elecciones, ni en ninguna de sus instituciones, dado que ello sólo contribuya al reforzamiento del mismo y, por tanto, de la sociedad capitalista y patriarcal.
El voto como bala
La realidad es terca y en la coyuntura actual encontramos tanto signos de esperanza como de preocupación. De esperanza ante el despertar del malestar social, si no de forma masiva si por lo menos de forma continua, aunque corres el riesgo, a nuestro entender, de morir por un exceso de ciudadanismo asambleario. Tiempos de preocupación, porque una vez más el progresismo militante nos quiere poner contra la pared ante el 20N: voto útil, o desastre total. Basta ya de arribismo: el voto como bala ( que decía Macon X) y por tanto contra tanto politiqueo abstención activa, rebeldía y lucha.
Participar en un falsa electoral como la que se nos avecina o crear espacios políticos compartidos con otras organizaciones y partidos dentro de un sindicato como la CGT es una irresponsabilidad que nace, como hemos intentando demostrar en este escrito, del desconocimiento de la experiencia histórica de la organización donde se milita. Ya sabemos que no debería existir sofismas infranqueables, sobre todo a nivel ideológico, pero es que este debate ya cansa: es centenario y por lo visto todavía puede que se dé durante los próximos cien años. Como muestra los comentarios de Peiró, en un artículo que aparece junto al que comentamos, “los obreros han abandonado los partidos de izquierda porque hace muchos años que éstos virtualmente no existen por falta de izquierdismo”. A pesar de estar en parte de acuerdo con su afirmación de que los “políticos negativos” crean desconfianza y recelo en las clases populares, no podemos compartir su confianza en el “juego” político. La razón es el fracaso, que Peiró pudo comprobar en su propia experiencia vital, a que está condenada toda revolución social “compartida” con los que él denomina “políticos en positivo”. En definitiva, entrar en el “juego político”, cuando la clase política (“negativa” o “positiva” parafraseando a Peiró) está prácticamente deslegitimada por una gran mayoría de la opinión pública, creemos que más que un error táctico, significa la sepultura para cualquier proyecto sindical autónomo, asambleario, antiautoritario y anticapitalista como el que representa la CGT actual.
La Confederación, en consecuencia, ha de combatir desde el mundo del trabajo con la única herramienta de la que nos hemos dotado, el sindicato. Y es la práctica sindical la que ha de definir las estrategias y tácticas más adecuadas, y a pesar de que la realidad no es pura o idéntica a ninguna teoría, no podemos renunciar a la experiencia histórica que ha demostrado que la política y el “juego” que implica, es prescindible y antagónica a nuestro proyecto anarcosindicalista. A pesar que cada lucha vive su realidad histórica, y es ésta la que moldea actitudes y mentalidades, creemos que el verdadero problema está en que durante mucho tiempo se viene imponiendo la esfera de lo político sobre la problemática social, y así nos va. Como bien decía Camus, no ha habido revolución que en el nombre de la libertad no haya acabado por hacerse el harakiri a sí misma. Revoluciones todas ellas políticas, incluso la nuestra en el 36, en un principio genuinamente libertaria y por tanto social, acabó hundiéndose en los lodos de la política. Revoluciones, como decimos, excesivamente políticas y nada sociales, en el sentido de acabar con todo poder político, evitando substituirlo por partidos obreros de vanguardia o por líderes carismáticos y mesiánicos.
En síntesis.
Como dice el refranero, para este viaje no hacía falta tantas alforjas. Si lo que defiende el compañero es “hacer política desde la herramienta con que nos hemos dotado, el sindicato… No hay que tener miedo de construir nuevos espacios para la política, abierta a todas y todos….” Nada nuevo, por muy filósofos que nos pongamos. Pero que nos dejen seguir postulando nuestro rechazo al “juego” político, no para demostrar un mayor grado de radicalidad, ni para justificar incapacidades permanentes ante las luchas reales, sino para todo lo contrario: lo que se pretende es centrarse en todas aquellas luchas donde la CGT está presente sin la necesidad de tener que lanzarse a la arena política y al desgaste demagógico y constante de medios y energías que implica. Está demostrado que jugando al “juego” político no hay posibilidad de cambio social, sino continuidad y perpetuación de los privilegios de unos pocos en detrimento de las reivindicaciones de cambio de las clases populares. El anarcosindicalismo de hoy tendrá que seguir siendo antipolítico en los términos que venimos defendiendo, como lo fue en el pasado, para asumir el reto en el futuro de seguir luchando por una sociedad más justa e igualitaria, o sencillamente dejará de ser anarcosindicalismo.
Martín Navarro, Afiliado al sindicato de Administración Pública de Barcelona.

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